Juliana Canteli

Juliana Canteli nació en Buenos Aires, pero ha pasado la mayor parte de su vida en Asturias. Con un padre mecánico que toca la batería y una madre florista, entendió que la belleza se alcanza con las manos. Ella misma dice que la música le ha acompañado desde 1970 aunque naciera en 2001, y que la portada de Yellow Submarine de los Beatles fue la puerta de acceso a una época psicodélica y onírica donde la música, los colores y la expresividad formaban parte de la vida cotidiana. Con 14 años no tenía muy claro si había viajado en el tiempo o si algún asistente de Woodstock se había reencarnado en su cuerpo, pero lo que sí estaba claro era que aquellos años habían sido una gran influencia en su obra.

También conocida como Jools, esta artista no parece coetánea a su época; tanto ella como su estilo artístico parecen haber salido del barrio Haight-Ashbury de los años 60. Estuvo a punto de estudiar Filología Inglesa dada su pasión por la música y la cultura anglosajona, pero finalmente acabó estudiando Ilustración en la Escuela de Arte de Oviedo. La expresividad es el pilar fundamental de su trabajo, mientras convierte cualquier elemento en un soporte: sketchbooks, fotografías, murales (como el realizado en Polarte Siero), son algunos de los soportes que ha utilizado, aunque últimamente utilizar la piel como lienzo es donde más cómoda se siente expresándose.

Crudo Prints le propuso como temática Miedo al Medievo.

«Bruxa… ¿Cómo puede asustarte la sangre cuando forja la vida y la muerte? Esta intuición y dualidad que os inquieta es necesaria para salir de la boca del tigre. No es fácil quererlo todo, querer ser todo, en un mundo tan dividido. Espero que vuestros mundos internos nunca se apaguen»

 

Esta obra de la autora Juliana Canteli, realizada en 2025, es una reproducción digital en tamaño 30x42cm. Su temática, titulada Miedo al Medievo, se inspira en la figura mitológica de Hécate.

 

Aunque originaria de la mitología griega, Hécate adquirió una relevancia particular durante la Edad Media, sobre todo en el ámbito de la brujería, la magia y las supersticiones. Si bien el cristianismo desplazó gran parte de las creencias paganas, muchas de las figuras del imaginario grecorromano, como Hécate, fueron asimiladas o reinterpretadas dentro de la cultura medieval. En este contexto, se la percibía como la diosa de las brujas, invocada en rituales mágicos y protectora de aquellas mujeres que, por su saber y poder, desafiaban el orden establecido. Con el tiempo, y especialmente con el auge del cristianismo, Hécate fue cargada con una figuración oscura, asociada a lo demoníaco y las prácticas maléficas.

 

En esta obra, Jools (seudónimo artístico de Juliana) reinterpreta a Hécate reforzando esa imagen demoníaca medieval, pero invirtiendo el discurso tradicional: en lugar de una figura condenada o marginal, la representa como una protagonista empoderada: la presa se ha convertido en verdugo. La "bruxa" ya no es perseguida ni oculta, sino que se muestra como un ser de poder absoluto que ha salido a dar caza. Hécate aparece aquí como una guerrera imponente, con armadura dorada, portando en una mano la cabeza ensangrentada de un enemigo y, sobre la otra, una maza flotante con púas amenazantes. Su cabello arde en llamas, y sus ojos, completamente blancos, parecen poseídos por una fuerza sobrenatural; el fuego tan característico de la Santa Inquisición como elemento purgatorio, pasa a formar parte de ella. Cabalga una criatura infernal, un caballo embrujado con ojos rojos, lengua serpentina, garras afiladas en lugar de pezuñas y una expresión feroz.

 

Al otro lado de la escena encontramos a uno de sus súbditos, un gato negro monstruoso, con colmillos prominentes y ojos brillantes. La autora juega una vez más con ese paralelismo con la caza, donde el animal habitual es el perro, y lo cambia por un gato que se alza sobre cuerpos decapitados, cuyas cabezas ha clavado en un estandarte, mientras devora uno de los miembros. Este animal, tradicionalmente asociado a lo oculto y lo femenino, se transforma aquí en un símbolo de venganza, violencia y lealtad oscura. En esta obra donde se cambian los roles, se juega una vez más con los dobles sentidos en el marco, donde lobo y conejo, antorcha y llave, y otros símbolos asociados a esta titánide otorgan el continuo juego entre cazador y cazado.

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